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Algunos comerciantes reabren sus negocios en "secreto" en medio de la cuarentena

El temor de ir a la quiebra y la necesidad de producir ingresos para mantener a sus familias y empleados ha hecho que muchos dueños de emprendimientos violen las normas de la cuarentena y se expongan al virus para sobrevivir

04/05/2020
Teresa, Ramón y Gerardo, nombres ficticios de comerciantes reales que se ven obligados a ocultar su identidad para abrir sus negocios a escondidas en época de pandemia, en la que se estableció una cuarentena que impide la apertura de la mayoría de tiendas en Venezuela. Pero el hambre puede más que la norma.

El negocio de Teresa, ubicado en Chacao, tiene la puerta entreabierta. Por la disimulada entrada, acceden tres empleados volviendo la mirada sobre sus pasos, vigilantes y temerosos a posibles sanciones por desafiar las restricciones de movilización ordenadas por el régimen y que cumplen siete semanas.

«Uno sigue pagando empleados, uno paga aseo, luz, uno sigue pagando los servicios (y) el poco dinero que había quedado en la cuenta de la compañía se fue pagando ese tipo de cosas», dijo a Efe Teresa, que prefirió ocultar su nombre real y el de su negocio.

No existen cifras oficiales acerca de los comercios que burlan la cuarentena en Venezuela, donde solo se permite, por ahora, la apertura de supermercados y farmacias, y en horarios regulados. Pero las necesidades básicas obligan al resto de comerciantes a ingeniárselas para sobrevivir.

Cientos de propietarios de pequeños negocios parecen temer más a la quiebra económica que al contagio por covid-19 y a posibles sanciones, por lo que comenzaron a abrir, a medias, las puertas de sus comercios.

«Llega un momento en que uno no aguanta, el comerciante no aguanta (por las pérdidas)».

«Si nos llegaran a sancionar se cerraría el local, y lo poco que se hizo no alcanzará para pagar la multa. Es un riesgo que toma el comerciante», precisó Teresa.

Aupados por los clientes
Cerca de la floristería, tres hombres comparten el espacio de un taller de artículos de línea blanca.

Usan guantes y mascarillas. Desinfectan con alcohol las manos de todos los que se acercan a solicitar presupuestos para reparar hornos microondas o lavadoras.

Ramón, nombre ficticio del hombre que regenta el local, desarma la vieja licuadora de un cliente fijo.

«Nosotros estuvimos 40 días cerrados, pero muchos clientes tenían mi teléfono personal y me decían, ¿cuándo vas a abrir? Necesito una cuchilla, una lavadora, porque somos servicio», explicó a Efe el hombre de 59 años bajo condición de anonimato.

En la ciudad de Valencia también se pueden apreciar muchos comercios abiertos a pesar de no pertenecer a los grupos prioritarios, todos buscan sobrevivir a la grave crisis económica que previo a la llegada del coronavirus ya azotaba a Venezuela.

Con información de EFE
 
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